«¿Por qué nadie me dijo esto?» — El viaje de un estadounidense hacia el islam
Includes videoEn busca de respuestas
Imagina pasar años buscando respuestas sobre Dios, la religión y el sentido de la vida, solo para descubrir un libro que te hace detenerte y preguntarte: «¿Cómo es que nadie me había dicho esto?»
Esa fue la experiencia de un hombre estadounidense que creció en el West Side de Detroit. A lo largo de su vida, exploró diferentes caminos religiosos, incluyendo la Nación del Islam, los Five-Percenters, el budismo, el judaísmo, los Testigos de Jehová y varias denominaciones cristianas.
Él buscaba respuestas. Quería entender a Dios, el mundo que lo rodeaba y qué significaba vivir una vida con sentido.
Luego empezó a leer el Corán.
Mientras leía, sintió que muchas de las preguntas que se había estado haciendo durante años por fin encontraban respuesta. El Corán presentaba figuras conocidas como Abraham, Moisés y Jesús, pero las situaba dentro de un mensaje centrado en la adoración a un solo Dios.
La experiencia cambió su forma de ver el islam. Unos meses después, pronunció su shahada, la declaración de fe con la que una persona se convierte al islam.
Al año siguiente, ocurrieron los atentados del 11 de septiembre. La forma en que se retrataba a los musulmanes en los medios te hizo darte cuenta aún más de la diferencia entre lo que tú estabas aprendiendo sobre el islam y lo que a muchos estadounidenses les contaban al respecto.
Su experiencia plantea una pregunta importante: ¿Cuántas personas se han formado una opinión sobre el Corán sin haber leído nunca lo que realmente dice?
Un buen punto de partida son las descripciones que hace el Corán del mundo natural.
El Corán y los vientos que ayudan a traer la lluvia
El Corán habla del papel de los vientos a la hora de traer la lluvia. Considera el siguiente pasaje.
Sura Al-Hijr (15:22)
«Y hemos enviado los vientos fecundadores y hemos hecho descender agua del cielo y os hemos dado de beber de ella. Y no sois sus guardianes».
— Corán 15:22, traducción de Sahih International
Fíjate en la expresión: «los vientos fertilizantes».
Hoy en día, la meteorología estudia cómo los vientos transportan humedad, polvo, partículas de sal y otros materiales diminutos a través de la atmósfera. Algunas de estas partículas pueden actuar como núcleos alrededor de los cuales se condensa el vapor de agua, lo que ayuda a que se formen gotitas de nube o cristales de hielo en condiciones adecuadas. Estos procesos influyen en la formación de nubes y en las precipitaciones.
El verso relaciona los vientos con la fertilización y el descenso del agua. Los lectores pueden considerar esa descripción junto con lo que la ciencia atmosférica moderna ha descubierto sobre la relación entre los vientos, las partículas, las nubes y la lluvia.
Lo importante es leer el verso en sí y entender el proceso natural del que se habla, en lugar de basarte únicamente en la descripción que alguien más haga de él.
La lluvia, el agua y la medida de la naturaleza
El agua es esencial para la vida, pero las precipitaciones no se distribuyen de manera uniforme por todo el planeta. Algunas regiones reciben lluvias abundantes, mientras que otras sufren sequías severas. El ciclo del agua mueve continuamente el agua entre la atmósfera, la tierra y los océanos.
El Corán destaca repetidamente la lluvia como un signo del poder y la provisión de Dios.
Sura Al-Jathiyah (45:3–6)
«Ciertamente, en los cielos y en la tierra hay signos para los creyentes».
Y en la creación de ustedes mismos y en lo que Él dispersa de criaturas que se mueven hay signos para quienes tienen certeza [en la fe].
Y [en] la alternancia de la noche y el día y [en] lo que Alá hace descender del cielo como sustento y da vida con ello a la tierra tras su muerte y [en Su] dirección de los vientos hay signos para un pueblo que razona.
«Estos son los versículos de Alá que te recitamos con la verdad. Entonces, ¿en qué palabra, después de Alá y Sus versículos, creerán?»
— Corán 45:3–6, traducción de Sahih International
Estos versos invitan a los lectores a contemplar los cielos, la Tierra, los seres vivos, la alternancia de la noche y el día, la lluvia y el movimiento de los vientos como signos sobre los que vale la pena reflexionar.
La ciencia moderna explica muchos de los procesos físicos que intervienen en estos sistemas. El Corán aborda ese mismo mundo natural como algo que debe inspirar el pensamiento, la gratitud y la reflexión sobre el Creador.
El ciclo del agua en sí mismo implica evaporación, condensación, formación de nubes y precipitación. El agua cae en forma de lluvia o nieve, se acumula en cuerpos de agua, fluye sobre la tierra y regresa a la atmósfera. Estos procesos sostienen los ecosistemas y hacen posible la vida.
El mensaje general del Corán es que el mundo natural no es algo que se deba observar sin pensar. Es algo que hay que estudiar y reflexionar.
La oscuridad bajo el océano
Uno de los pasajes más impactantes, del que se habla a menudo en relación con el mundo natural, describe la oscuridad en las profundidades del mar.
Sura An-Nur (24:40)
«O [son] como oscuridades dentro de un mar insondable cubierto de olas, sobre las que hay olas, sobre las que hay nubes —oscuridades, unas sobre otras. Cuando uno extiende la mano [allí], apenas puede verla».
— Corán 24:40, traducción de Sahih International
Ten en cuenta las imágenes: un mar inmenso, capas de oscuridad, olas y nubes. La estrofa usa esta imagen para describir la situación de aquellos cuyas acciones se comparan con oscuridad sobre oscuridad.
También hay un fenómeno natural que vale la pena entender aquí. La luz del sol no penetra en el océano de forma indefinida. A medida que la luz viaja a través del agua, es absorbida y dispersada. La luz roja desaparece relativamente cerca de la superficie, mientras que otras longitudes de onda penetran más lejos. A profundidades suficientes, la luz del sol se vuelve extremadamente tenue o desaparece por completo, dejando el océano profundo en una oscuridad casi total.
Los científicos que estudian las profundidades marinas han documentado entornos a los que no llega la luz del sol y en los que algunos organismos producen su propia luz mediante la bioluminiscencia.
El verso no es un libro de texto moderno de oceanografía, y su contexto inmediato es una comparación espiritual. Sin embargo, sus imágenes de oscuridad en las profundidades de un mar inmenso les dan a los lectores algo concreto que analizar junto con lo que se sabe sobre las profundidades del océano.
Lee el pasaje tú mismo. Fíjate en su lenguaje, su contexto y el mundo natural que evoca.
Cómo leer el Corán por tu cuenta
El hombre de Detroit no llegó al islam simplemente aceptando la opinión de otra persona. Su camino implicó explorar diferentes creencias y, finalmente, leer el Corán por sí mismo.
Esa es una lección importante para cualquiera que intente entender una religión. Antes de aceptar la crítica de alguien sobre un texto sagrado, tiene sentido examinar lo que el texto realmente dice.
El Corán dirige repetidamente la atención hacia el mundo natural, la existencia humana y la necesidad de reflexionar. Sus pasajes sobre los vientos, la lluvia, los cielos, la Tierra y el mar invitan a los lectores a mirar más allá de la superficie y a plantearse preguntas más profundas.
No tienes que depender de un clip de redes sociales, de un comentarista de televisión ni de la interpretación de otra persona para empezar ese proceso. Puedes abrir el texto, leer los versos, considerar su contexto e investigar los temas que tratan.
Quizás por eso descubrir el Corán puede llevar a alguien que ha explorado muchas tradiciones religiosas a hacerse una pregunta sencilla:
«¿Cómo es que nadie me dijo esto?»
Un solo Dios. Un solo mensaje. Un mundo lleno de señales para quienes estén dispuestos a verlas.